Artículo del blog
SER PATRIOTA NO ES CARGAR CON TODOS
Publicado 30 de agosto de 2026 · Por Jaime Beltrán
Resumen del artículo
Muchas veces, cuando simplemente utilizamos una palabra sin estudiar su origen y significado, corremos el riesgo de que pierda su verdadera razón de existir. El Patriotismo es una de ellas. Y quizás por eso, de vez en cuando, vale la pena detenerse y volver al principio para preguntarnos qué significa realmente ser patriota. La Real Academia Española define el patriotismo como el “amor a la patria” y también como el sentimiento y la conducta propios del patriota. No habla de una ideología política, de una determinada posición económica, de vulnerabilidad ni de pertenecer a un sector específico de la sociedad. Habla de amor a la patria. Pero ¿Qué entendemos por patria? En nuestro país, incluso desde una perspectiva constitucional, esta respuesta es mucho más profunda que simplemente habitar en nuestro territorio. El Diccionario Constitucional Chileno, de Gonzalo García Pino y Pablo Contreras Vásquez, explica que el patriotismo se relaciona con: “vínculos valóricos, culturales, históricos y afectivos que una persona mantiene con su tierra natal o adoptiva, generando un sentimiento de lealtad e identificación con la comunidad a la que pertenece.” Otro concepto relevante de mencionar es el que encontramos poéticamente en el artículo 22 de nuestra Constitución, toda vez que establece que: “los chilenos tenemos el deber fundamental de honrar a la patria, defender su soberanía y contribuir a preservar la seguridad nacional y los valores esenciales de nuestra tradición.” Teniendo esto presente, me cuesta compartir una concepción del patriotismo que lo reduzca a la idea de que para ser patriota debemos cobijar a todos y asumir también como propias las consecuencias de las decisiones de cada uno de sus habitantes desde una mirada colectivista. Sin duda, considero que debemos construir una sociedad en la cual, idealmente, nadie sea abandonado. Por supuesto que debemos generar oportunidades para quien ha tenido menos. Pero una cosa es el bien común, la solidaridad, y otra muy distinta es el asistencialismo. Un punto neurálgico que no debemos olvidar es que una cosa es vivir en comunidad y otra, muy diferente, es convertirnos en un colectivo donde la responsabilidad individual termina diluyéndose. Y aquí, a mi juicio, está el punto que muchas veces evitamos discutir. Porque, no somos un colectivo, sino una nación. Personas distintas, únicas, irrepetibles, con historias, capacidades y talentos diferentes, pero también responsabilidades diferentes. Podemos trabajar juntos, ayudarnos, preocuparnos genuinamente por quien está pasando por un mal momento y, al mismo tiempo, reconocer que cada persona tiene una responsabilidad sobre el rumbo que decide darle a su propia vida. Es decir, alejarnos de la visión colectivista que sectores de izquierda intentan insertar en nuestra sociedad y reconocer la dignidad y la libertad de cada ser humano. Ser patriotas y vivir en la misma nación no significa que todos debamos obtener los mismos resultados. Que una persona haya nacido con menos oportunidades no significa que debamos condenarla a vivir eternamente dependiendo de los demás. Y que alguien haya tenido más oportunidades, haya trabajado para construir su patrimonio o simplemente haya recibido una herencia, tampoco lo convierte automáticamente en responsable de las circunstancias de quien tuvo menos. Entonces, plantear que alguien sería un verdadero patriota si entiende que se debe servir al interés colectivo para mejorar la vida en nuestro país es simplemente un acto lejano a la propia definición de patriotismo. De hecho, es más cercano a un ardid de alguien que desea deconstruir para insertar su ideología por sobre lo real. La pregunta, entonces, es: ¿Qué hacemos para que quien tiene menos pueda tener más herramientas para avanzar? Porque ayudar también es enseñar, capacitar, abrir oportunidades, facilitar el acceso al trabajo, premiar el esfuerzo, permitir que una persona pueda emprender y crear las condiciones para que pueda valerse por sí misma. Mientras que el asistencialismo, en cambio, transforma una ayuda excepcional en una dependencia permanente. Y cuando eso ocurre, no estamos necesariamente construyendo libertad ni actos patriotas, sino que estamos construyendo dependencia. Nuestro país no es una única gran familia en el sentido estricto del término. Un padre tiene una responsabilidad directa sobre sus hijos, especialmente cuando son menores de edad. Pero los ciudadanos de una República somos personas libres y responsables. El Estado no puede tratarnos eternamente como hijos incapaces de decidir por nosotros mismos. Y, en este sentido, afirmar que un verdadero patriota es quien sirve a un interés colectivo para cuidar como un padre a los más débiles de una nación carece de sentido. Podemos querer una sociedad más justa y, al mismo tiempo, exigir que quien vulnera la ley responda por sus actos. Podemos colocar los recursos en los chilenos de bien y no en sueños dogmáticos de rehabilitación y reinserción. Porque, sin duda alguna, es patriotismo proteger al ciudadano que cumple las reglas. También es patriotismo respetar al emprendedor que arriesga sus ahorros, al profesional que estudia durante años, al trabajador que se capacita para ganar un mejor sueldo y a la persona que, aun teniendo dificultades, decide seguir adelante, porque todos ellos, de manera individual y explotando sus aptitudes, contribuyen a la nación en vez de detener su crecimiento. De hecho, quizás ahí se encuentra una de las grandes tareas de nuestro tiempo: recuperar una idea de comunidad que no necesite destruir al individuo para existir. Porque nuestro país no se construyó como una suma de personas idénticas. Se construyó precisamente con personas distintas que, a través de generaciones, fueron compartiendo una historia, una cultura, tradiciones, sacrificios, alegrías, derrotas y triunfos. Es decir, somos herederos de quienes estuvieron antes que nosotros. Y también somos responsables de aquello que dejaremos a quienes vendrán después. Eso sí es patriotismo. No se trata de pensar que todo lo antiguo fue bueno ni de convertir la tradición en una pieza de museo. Se trata de entender que una nación no comienza con nosotros. Recibimos una patria que construyeron nuestros predecesores y tenemos la responsabilidad de entregar una mejor a quienes todavía no han nacido. Por eso no creo que el patriotismo consista simplemente en decir que todos cabemos bajo la misma bandera. Claro que cabemos. Pero una bandera no es solamente un pedazo de tela: representa una historia compartida. Y esa historia nos une, precisamente, porque somos diferentes. Nuestro querido Chile necesita más comunidad, pero no menos libertad. Necesita más solidaridad, pero no más dependencia. Necesita oportunidades, pero también responsabilidad. Necesita un Estado pequeño que ayude, pero no que sustituya permanentemente la libertad de las personas. Quizás ha llegado el momento de dejar de preguntarnos cuánto puede hacer la sociedad por nosotros y comenzar a preguntarnos cuánto podemos hacer nosotros por nuestra sociedad. Porque, sin duda alguna, el patriotismo no consiste en exigir que otro cargue con nuestra vida. El patriotismo consiste en comprender que somos parte de algo que nos antecede, que nos pertenece y que también debemos cuidar para heredar.
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