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¿Qué significa ser patriota en Chile?.

Publicado 28 de agosto de 2026 · Por Rodrigo Andrés Moreno Miranda

Resumen del artículo

Para posicionarnos en este debate, es necesario partir de un origen conceptual del término. El diccionario de la lengua española (RAE) define el patriotismo como el “amor a la patria” o el “sentimiento y conducta propios del patriota”, entendiendo patria no solo como la tierra natal, sino como la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que estaría ligado como ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. Pero veo que esta noción afectiva y legal ha sido capturada y distorsionada por las distintas cúpulas ideológicas en Chile. Entonces ser patriota en Chile se ha vuelto, día a día, un ejercicio extraño. Cada vez que escucho a las distintas figuras del espectro político pontificar sobre el patriotismo, me doy cuenta de lo profundamente fracturada que está esa idea. Por un lado, vemos a dirigentes de la derecha más radical como Johannes Kaiser entendiendo el patriotismo casi exclusivamente a través de la instrucción militar, definiendo al ciudadano común como un “otro” que pareciera no calzar en sus rígidos márgenes de chilenidad. Mientras por otro lado, al mirar hacia la izquierda, dirigentes como Lautaro Carmona (presidente del Partido Comunista) abordan el concepto con un romantizado discurso hacia el pueblo, entendiéndolo de manera exclusiva como las clases precarizadas y excluyendo de su lógica a cualquiera que no comulgue con las ideas del proletariado, bajo esquemas ideológicos heredados directamente del Manifiesto Comunista. El politólogo y teórico Mauricio Viroli, propone en su ensayo “Por amor a la patria”, precisamente sobre este fenómeno, donde las diferencias sustanciales entre un nacionalismo excluyente (al que solo le importa la uniformidad cultural o ideológica) y un verdadero patriotismo, fundado en la libertad común y el afecto por las instituciones colectivas que cobijan a todos por igual. Y solo como comentario al margen, un ejemplo claro de esta controversia la podemos ver en la propuesta de Reforma Constitucional que propone el Gobierno actual del presidente Kast, donde por medio de una modificación a la constitución busca coartar las libertades personales en pos de la justicia y seguridad. Considerando esta lógica instalada hace años en nuestro país, merece la pena hacerse dos preguntas fundamentales: ¿acaso el patriotismo se reduce a la ciega adhesión a una doctrina política? Y, en segundo lugar, ¿Cómo ignorar que tanto Kaiser como Carmona impulsan visiones sostenidas en marcos teóricos ajenos a nuestra idiosincrasia? A mi juicio, patriota es cualquiera que habite esta tierra, incluso quien sostenga ideas opuestas a las mías. No obstante, el debate nacional continua secuestrado por elites excluyentes; donde una derecha de alcurnia (donde Kaiser figura como la hermanastra más fea del clan) y una izquierda encumbrada en torres de marfil académicas. ¿En qué nos deja esto? ¿Acaso la chilenidad y el patriotismo son propiedad exclusiva de las élites económicas o de las hegemonías ideológicas? A mi juicio, no. El verdadero patriota es el chileno de a pie, el que se levanta muy temprano cada mañana a trabajar no solo por el bienestar de su familia, sino también para aportar con su esfuerzo cotidiano al crecimiento del país y a la construcción de una identidad colectiva compartida. Al buscar esta figura en el abanico político actual, cuesta encontrar líderes capaces de aunar visiones en lugar de imponer sesgos importados. En esa línea, resulta valioso observar el fenómeno del Partido de la Gente (PDG). Más allá de las simpatías o diferencias que se puedan tener con sus integrantes o con la colectividad en sí, es indiscutible que han logrado agrupar a sectores transversales que no se sentían representados por las cúpulas tradicionales; basta con solo mirar la Cámara de Diputadas y Diputados, donde encontramos desde Pamela Jiles pasando por Cristián Contreras hasta Javier Olivares. En esa capacidad de convocar miradas diversas reside una lección que es realmente valiosa, el patriotismo verdadero no surge de la uniformidad, sino de la convivencia en la diversidad. Esta forma de ver igualdad, también podemos encontrarla en pasajes del libro más importante de la historia occidental, la Biblia, en Romanos 2:11, donde se nos recuerda que "Dios no muestra favoritismo", y en Job 34:19, pasaje que recalca que ante la trascendencia y la muerte, el rico y el pobre son exactamente iguales. Si ante la vida y la muerte poseemos el mismo valor, ¿por qué insistimos en dividir a nuestra sociedad entre chilenos de primera y segunda categoría? Para entender bien mi punto, el mejor ejemplo está en cómo funciona una familia. Un padre y una madre con sentido de justicia jamás trabajan buscando únicamente el bienestar del hijo que les cae mejor o de aquel que se alinea perfectamente con sus ideas; por el contrario, desvelan sus días procurando por el bien de todos sus hijos por igual, reconociendo el valor de cada uno dentro del hogar. Del mismo modo, una patria madura debe cobijar a todos sus habitantes sin distinción, ya que así como funciona una familia debiera funcionar un Gobierno, ya que todos somos hijos de esta misma tierra. Para cerrar, el verdadero patriotismo no se mide por la adhesión a una pancarta ni por la cuna en que se nace. Patriota es quien entiende que para servir al interés colectivo de mejorar la vida en nuestro país, debemos ser capaces de mirarnos a los ojos desde nuestras diferencias y encontrar, de una vez por todas, los puntos de unión que nos permitan salir adelante juntos.

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