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DE LA DESNUTRICIÓN A LA OBESIDAD INFANTIL: EL DESAFÍO QUE CHILE NO PUEDE SEGUIR POSTERGANDO
Publicado 29 de junio de 2026 · Por Jaime Beltrán
Resumen del artículo
Hubo un tiempo en nuestro país, donde enfrentamos como sociedad una de las tragedias más dolorosas de nuestra historia sanitaria: la desnutrición infantil. Miles de niños crecían con graves carencias nutricionales, comprometiendo su desarrollo, su salud y, en muchos casos, incluso su supervivencia. Sin embargo, resulta imposible no reconocer el trabajo del doctor Fernando Monckeberg y las políticas implementadas desde 1974, durante el Gobierno Militar, que permitieron la creación y masificación de la Leche Purita a lo largo del país. Sin perjuicio lo mencionado, actores políticos de izquierda han intentado atribuir estos resultados a iniciativas anteriores, como el Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC) existía desde la década de 1950 y el conocido programa del "medio litro de leche" para los niños de allende. Por esto corresponde distinguir entre programas que existieron en distintas épocas y las políticas que efectivamente lograron generar resultados concretos y medibles. Los avances más significativos en la derrota de la desnutrición infantil se consolidaron a partir de la implementación de las políticas nutricionales impulsadas desde 1974, en un período en que nuestro país logró revertir una realidad que afectaba gravemente a nuestros niños. A mayor abundamiento, la evidencia académica muestra que la caída más importante de la desnutrición infantil ocurrió entre 1975 y 1982, precisamente durante el período del Gobierno Militar, y que la incorporación de la Leche Purita al PNAC fue una de las medidas centrales de ese proceso. Así como, los hallazgos del Dr. Monckeberg influyeron directamente en la creación del Consejo Nacional para la Alimentación y Nutrición (CONPAN) en 1974 y en el diseño de las políticas nutricionales que permitieron reducir drásticamente la desnutrición infantil. Entonces, más que buscar empates históricos, lo relevante es reconocer aquello que funcionó y aprender de esas experiencias para enfrentar los desafíos sanitarios de nuestro tiempo. Hoy, décadas después, una nueva amenaza se cierne sobre nuestros niños. Ya no tiene el rostro de la falta de alimentos. Tiene el rostro de la obesidad infantil y la malnutrición por exceso. Lamentablemente, hoy los datos son alarmantes. Más de la mitad de los estudiantes evaluados en nuestro país presenta algún grado de malnutrición por exceso. Uno de cada cuatro niños ya vive con obesidad. No estamos hablando de una preocupación estética, estamos hablando de una enfermedad que aumenta significativamente el riesgo de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, apendicitis, trastornos metabólicos y múltiples problemas de salud mental que pueden acompañar a una persona durante toda su vida. La obesidad infantil no reconoce colores políticos. No distingue entre gobiernos, sectores o ideologías. Es un desafío nacional que exige una respuesta nacional. Y así como en el pasado fuimos capaces de comprender que la desnutrición infantil era una emergencia que debía ser enfrentada con decisión, hoy debemos asumir que la malnutrición por exceso merece la misma urgencia. La prevención no puede seguir llegando tarde. Debemos fortalecer la educación alimentaria, promover la actividad física desde la infancia, generar conciencia sobre los riesgos asociados a esta enfermedad y entregar a las familias más herramientas para adoptar hábitos saludables. La escuela, la familia, el Estado y la sociedad en su conjunto tienen un papel que cumplir. La generación que derrotó la desnutrición infantil nos dejó una lección invaluable. Y hoy, cuando la obesidad infantil amenaza con convertirse en la gran batalla sanitaria de nuestra época, no podemos ignorarla ni permitirnos perderla.
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